Al día siguiente, Fredo asistió a varios eventos oficiales por
sí mismo. Por primera vez en días pudo pararse en medio de la multitud sin
tener que sobre esforzarse. Después de días sin avance, finalmente todo lo
correspondiente al festival parecía estar marchando sobre ruedas.
—¡Mira, humano!
Cale, Choi Han, los niños y Beacrox, salieron a ver las
animadas calles de Endable, encontrándose a un ambiente totalmente brillante.
Mucho más que en días anteriores.
—¿Qué es? —, preguntó Cale antes de girarse en la dirección
que señalaba Raon con su garra. Se trataba de un puesto repleto de dulces de
distintos colores y formas.
—¿Podemos ir? — Apoyando a su hermano menor, On y Hong
también le dirigieron la mirada, esperando por su autorización. Esa situación
se había repetido varias veces ya hoy, volviéndolo desgastante, y como en cada
vez, él echó un vistazo a Beacrox, quien miraba los dulces cruzado de brazos.
Con su penetrante mirada en ellos, calculó la cantidad de
azúcar que podía demandar hacer algo así y después de un momento giró el
rostro. Todo su cuerpo decía que no habían pasado por sus estándares de
calidad.
—No—, pronunció Cale, soportando la avalancha de quejas que
trajo su respuesta. Alcanzó la mano de On mientras Choi Han se acercaba y le
ofrecía sus brazos a Hong con una sonrisa juguetona.
—“Pesado…”.— Sin dudas, Cale estaba cerca el punto en que no
podría soportar cargar a su espalda a Raon, quien se estaba convirtiendo en un
niño grande poco a poco. Debería ponerse a hacer algo de ejercicio.
—Ha…— Un suspiro salió de su boca ante la idea, realmente no
le gustaba tener que hacer ejercicio.
—“Siempre hay alguien con más dificultades” —, pensó con
optimismo a modo de consuelo.
—¡Humano, ya casi son las doce! —Al escuchar la voz efusiva
de su hijo menor, Cale levantó la mirada hacia el gran reloj ostentado en la
plaza central de Endable.
--
—Son las doce.
Fredo entornó los ojos hacia Ron, quien estaba de pie frente
a él, mirando su reloj de bolsillo.
—Ron-nim…
El ex sirviente de Cale no evadió su mirada y levantó las
cejas.
—¿Tiene tiempo de replicar?
Después de unos segundos Fredo suspiró, en su rostro había
un gesto de cansancio. Elevó su mirada hacia el rostro insípido de Ron.
—“Su rostro tiene muy buen color hoy, se ve apuesto, pensé
que le afectaría más…”. — Eso era lo que más lo torturaba, estaba feliz de ver
ese rostro aunque estuviera regañándolo. —“Haaa… No puedo ganar”.
Después de meditarlo, el vampiro dio un largo suspiró y
llevó su mano plagada de anillos a la copa de vidrio que estaba frente a él. El
líquido espeso dentro de la copa no llegaba ni a la mitad, era de color rojo
oscuro.
—“Esto es fácil” —, pensó Fredo, animándose a sí mismo.
Balanceó un par de veces la copa como hacía usualmente antes de estar enfermo y
tomó aire, llenando sus fosas nasales del olor a vainilla que provenía de ella.
—“Ya lo has hecho antes”.
—Le aconsejaría que no lo piense mucho, majestad. — Miró a
Ron, quien le dijo esto con un aspecto tranquilo en su semblante.
—Está bien, Ron-nim.
Echó un vistazo a su alrededor,
estaba sentado en la sala de su despacho, en el fondo, junto a la puerta
aguardaba el mayordomo por si algo sucedía y frente a él estaba el sirviente de
Cale.
—“Has causado suficientes
problemas”. — Se reprochó a sí mismo y de un solo trago llevó la bebida a su
boca y se forzó a ingerirla, pese a que a mitad del trago su estómago y su
pecho comenzaran a hervir. Terminó la copa satisfactoriamente y la dejó sobre
la mesa antes de tomar el pañuelo que estaba junto a ella, cubriendo sus labios
con él.
—Llévatelo, mayordomo—, indicó
señalando educadamente la copa. Su sirviente se acercó inmediatamente,
deshaciéndose de ella y saliendo de la habitación por un momento. Ron y Fredo
permanecieron en silencio.
El Rey de Endable estaba vestido
de gala, era un traje lila claro, plagado de joyería resplandeciente.
Observando su cabello plateado pulcramente peinado, Ron dio su visto bueno a la
apariencia de Fredo.
—“Definitivamente funciona”. — Aunque el costo no le estaba
gustando. Tanto ayer como hoy tuvo que donar su sangre y aunque trató de que no
fuera mucho, la verdad estaba preocupado. Por suerte, el médico era consciente
y mezclaba una pequeña porción de su sangre con las medicinas normales. —“La
cuestión es: ¿Cuánto durará esto?”.
Y más importante: ¿su cuerpo de viejo lo soportaría?
Observó con cuidado el rostro de Fredo, pese a que parecía
ligeramente mareado y afectado por el reciente consumo de su sangre, su tez
pálida había mejorado mucho su color. Incluso sus ojos amatista, parecían
brillar con la tenue luz de la mañana.
—Ron-nim. — Inspiró profundamente al escuchar la voz del
vampiro llamándolo.
—Dígame.
Fredo desvió la mirada, volviendo a cubrirse la boca con el
pañuelo y suspiró:
—Siéntese conmigo, por favor. Quisiera hablar de algo con
usted. — Sin esperar a su respuesta, el vampiro tomó una campanita que
aguardaba en la mesa y la tocó dos veces. En seguida vinieron algunos
sirvientes trayendo otro plato y más exquisita comida, luego dejaron una silla
antes de volver a esfumarse.
No habiendo más remedio, el ex sirviente de Cale se sentó en
el lugar dispuesto. Puso la servilleta en sus piernas y lo miró en silencio,
esperando a que Fredo iniciara la conversación. Al ver su disposición, el
vampiro carraspeó detrás de su pañuelo y luego lo depositó a su lado,
frunciendo su entrecejo con cierto nerviosismo.
—Ron-nim, ¿cómo está su cuerpo? — No se dio cuenta de lo
extraña que sonaba esa pregunta hasta cuando salió de su boca. Un ligero
sonrojo coloreó sus mejillas, a la par que intentaba mantener la seriedad.
El susodicho no perdió detalle de la reacción de Fredo, algo
en él hizo que su instinto burlón despertara. Suspiró largamente después de un
rato y tras plantar su codo sobre la mesa apoyó la barbilla sobre su puño, mirando
hacia su costado.
—Si… Me pregunto cómo está.
Al echar un vistazo nuevamente hacia el vampiro, notó cuán
infalible fue su ataque. El rostro de Fredo lucía sorprendido y agraviado.
—“¿Existen los conejos vampiros?”. — Tal vez solo él estaba
mal, asociándolo todo con conejos. —“Bueno, de alguna manera es más como un
zorro”.
Tras unos segundos digiriendo la información, el Rey se
inclinó hacia él con auténtica preocupación.
—No debe aguantarlo si es difícil, me haré cargo por mi
cuenta. Por favor, no se sobre esfuerce. —Pese a que sus palabras sonaran
duras, Ron entendió el sentido que trataba de darles el vampiro. No era que
despreciara su ayuda o no lo considerara capaz. Ahora que lo sabía todo,
detectó los sentimientos oscuros que se dedicaba a sí mismo y la auténtica
sensibilidad ante su estado.
—“Se ve como si se sintiera una mierda”. — Era sutil.
—Preocúpese en recuperarse pronto, entonces. — Le dedicó una
de sus clásicas sonrisas al responder y luego tomó su tenedor para señalar el
plato de comida que aguardaba delante de Fredo. — Iniciando por comer.
—…— De repente, ese aura resplandeciente alrededor del
vampiro había desaparecido. Estaba frustrado, no le gustaba para nada tener que
depender de Ron. De nadie.— ¡Tsk!
A pesar de que lucía frustrado, Fredo tomó su propio tenedor
entre sus largos dedos y comenzó a cortar la carne semicruda en trozos
pequeños. Luego, con el ceño profundamente fruncido alcanzó un pedazo y lo miró
de cerca. El término que más le gustaba estaba frente a sus ojos, pero aún
sentía nauseas.
Se hacía llamar el Rey de los vampiros, pero estaba teniendo
un problema tan estúpido.
Tras dejar la carne de nuevo en el plato se cubrió la nariz
y la boca con el pañuelo. El horror y asco en su gesto fue difícil de ocultar.
Entonces, sin decir palabra, sus ojos volvieron a cruzarse.
Ron sonrió.
—¿Vomitará?
Fredo desvió la mirada al suelo. Vomitaría la preciosa
sangre que Ron-nim obsequió pasando por mucho esfuerzo, mancharía el traje y
los accesorios escogidos por él.
—“Es difícil”.
Le dolió el corazón al pensarlo. Su cabeza estaba plagada de
malos pensamientos, escalando como arañas.
Alcanzó de nuevo el tenedor y se lo llevó a la boca sin
mirar.
Reprimiendo las arcadas, tragó.
—“No puedo hacerle esto a Ron-nim”.
Cerró los ojos. El filete sabía a lodo y su consistencia era
aún peor.
—“¿Así se sentirá darle un bocado al borde de un pantano?”.
Lo máximo que pudo comer fueron tres bocados. Antes del
cuarto, miró hacia la ventana cubriéndose la nariz y la boca.
—“No puedo más, voy a vomitar”. — Afuera el día era hermoso.
—“También estoy comiendo junto a Ron-nim”.
Intentó darse ánimos y luchar contra el denso sentimiento de
vacío y soledad que había un hueco en su pecho.
La escena de sus sueños estaba sucediendo en la realidad.
Echó un vistazo al Molan, quien comía gustosamente sin ponerle mucha atención.
La cejas del hombre parecían relajadas y sus ojos al mirarlo eran tranquilos.
Fredo tragó saliva.
—“Quiero besarlo de nuevo”.
Casi al instante en que llegó este pensamiento a su cabeza,
lo atacó un pinchazo en su sien. Fue tan fuerte que solo pudo exclamar un jadeo
y quedarse completamente inmóvil. Se sentía como si lo atravesaran.
Inspiró profundamente, centrándose en los labios de Ron.
— “¿Por qué me pasa esto?”.
Era como si una tormenta se cerniera sobre su cabeza y su
corazón. Tan repentino que ni él mismo lo entendía. No podía digerirla, ni
siquiera controlarla.
Pero su rostro permaneció tranquilo, desvió la mirada a su
plato, sintiéndose tan despreciable e inútil que a penas podía soportarlo. Solo
estaba allí, sintiéndose inexplicablemente pequeño.
Ante el sofocante sentimiento, intentó guardar la calma.
—¿Qué le pasa? — A escuchar la pregunta de Ron, cerró los
ojos e inspiró profundamente.
—Solo… Deme un momento. — Apretó sus ojos y bajó su cabeza,
tratando de volver a la realidad. El sabor del pantano asqueroso atrapado entre
sus dientes.
Se puso de pie acercándose a la ventana más lejana. Al pasar
por la ventana abierta sintió la variedad de olores que provenían de su pueblo,
pero aquello que lo hubiera llenado de felicidad y orgullo, hoy le hizo pensar
si fuera mejor que cerrara todas esas tiendas, que expulsara a los visitantes y
él mismo se atrincherara en su habitación.
Avergonzado caminó hacia la esquina de la habitación,
sosteniéndose de la ventana miró sus manos, sus largas uñas estaban pintadas de
blanco, su mano cargada de anillos. La cerró en un puño.
—“¿Mereces todos esos lujos? Incluso estás pensando mal de
tu reino porque te sientes miserable en el interior… ¿Vas a acabar con todo por
tus propias faltas?”.— Su voz interna siempre había sido sabia y tranquila,
imparcial; sin embargo, estaba cambiando a este juez atroz de una tan sencilla
que hasta le pareció natural.
—“¿Y si…?”.
No pudo terminar esa línea de pensamientos. Un brazo firma
abrazó su espalda el otro lo incitó a apoyarse en él para seguir caminando un
poco mas allá, hacia la ventana del fondo de la habitación.
En silencio, Ron Molan le brindó un hombro en el qué
apoyarse y lo motivó a seguir caminando un poco más. Frente a ellos, el gran
ventanal le dejaba ver las montañas verdes y lejanas, junto a la zona más
tranquila del pueblo.
Al ver aquel cielo azul, sintiendo el calor de una persona a
su lado… De repente, su mente estaba en silencio.
Aún sentía nauseas, su estómago parecía no poder acomodarse
del todo a esa comida. Cerró los ojos para que no le afectara tanto el mareo,
no lo había notado hasta ese momento, pero estaba sudando un poco, su nuca se
sentía húmeda.
—Tiene que dar un discurso hoy.
El vampiro asintió, sintiendo la cabeza pesada.
—Lo sé.
—Solena lo ha estado postergando y hablando en su nombre,
pero el festival no va a iniciar formalmente sin que usted aparezca.
—Sí… Está bien. — Al abrir los ojos giró sus pupilas hacia
su costado. El ex asesino le devolvió la mirada, su rostro ausente de
sentimiento.
—Gracias.
--
Pudiera ser cualquier persona, pero era justamente esa.
—Agradezco a todos por que estén aquí. — Fredo sonrió ante
el gran público de la plaza principal. Aunque había muchas personas distintas,
rápidamente pudo identificar a Cale con su grupo. — Endeable es un pueblo
independiente, resiliente, surgimos; sin embargo, no fue fácil.
Las personas se veían conmovidas conforme él iba hablando,
pese a que quisieran bailar y gritar, todos estaban en silencio, escuchándolo.
—Y hoy estamos celebrando no solo todo lo que hemos ganado.
Conmemoramos lo que perdimos y honramos a quienes entregaron su vida para que
pudiéramos tener un pueblo libre. — Suspiró, si miraba hacia atrás, ni en sus
sueños más positivos hubiera imaginado lo que veía ahora. — Endeable es fuerte.
Y él como la cara de Endable, también debía serlo.
—Pero para construir todo esto, se necesitó la ayuda de
buenos amigos que empatizaron con nuestra causa y nos ayudaron hasta el final.
Cada vez que los necesitábamos, incluso sin pedirlo, estuvieron allí. —Sí, no
pedían nada a cambio, pero eran sus amigos. — El reino de Endable nunca
olvidará el favor que nos han concedido y por eso honramos su benevolencia con
el nuevo tratado que hemos adelantado. Muchas gracias a los gremios que ya han
firmado y que están próximos a firmar con nosotros.
El mayordomo a su lado le alcanzó una copa de champán. Fredo
elevó la copa hacia el público, quienes también brindaron con él.
—En conmemoración, disfruten de este festival. Brindemos por
la prosperidad de los amigos de paz y la esperanza. Brindemos por Endeable.
Justo después, los vítores retumbaron en la ciudad, la
algarabía podía sentirse. Era tan hermoso que Fredo sintió que todas aquellas
serpentinas y los globos lo absorbían.
Les obsequió una tenue sonrisa y llevó el champán a su boca,
extrañamente… Sabía normal.
El vampiro miró la copa y luego volteó la mirada hacia su
público. La suave luz dorada del sol en aquel día claro, había sido cambiada
por un hoyo negro en el cielo; nubes rojas cubrían la faz, arremolinándose
hacia el centro.
—“Una alucinación”. — El gesto de Fredo permaneció
totalmente seco. Incluso cuando bajó la mirada y vio la ciudad destruida, con
todas aquellas personas gritando, pisando los cadáveres de sus congéneres.
Los veía huir desesperados. A donde mirara, había caos.
Sus ropas también habían cambiado, todos parecían enfermos,
con vestimentas roídas, llorando y suplicando. Todo mientras él veía desde
arriba.
—“Esto es una alucinación”.
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